miércoles, 17 de septiembre de 2014

Resumen del periplo nipón

Hay viajes que te marcan, y esa huella es imposible de transmitir con imágenes, música o relatos. Aun así recurrimos a las fotos para rememorar lo vivido, tratando de atrapar el tiempo en nuestras manos... 



domingo, 10 de agosto de 2014

Como ranas...

Agua y más agua....Ultimamos nuestros días nipones, perseguidos por un tifón llamado Halong: abriendo y cerrando paraguas, esquivando charcos y remojándonos de vez en cuando...











martes, 5 de agosto de 2014

Japón bajo el agua



banyo junto al arroyo, 8 euros tiempo ilimitado.
Antes de iniciar nuestro periplo pensamos culminarlo con una inmersión para ver las tortugas que, por estas fechas, acuden a desovar a las playas de las islas del sur.
Creíamos que tendríamos unas ganas locas de bañarnos, sumergirnos y bucear entre peces de colores que juegan al escondite en el coral. Nos equivocábamos.
Encaramos la recta final de nuestro viaje más mojados de lo que esperábamos a esas alturas y es que, aunque sabíamos que en Japón durante el verano podía llover el momento, no imaginábamos que esta afirmación podría significar cinco días seguidos de lluvia y diluvios.

"Infierno" hirviente no apto para bañarse
Aquí la lluvia es algo natural, hasta el punto que lo más habitual es salir de casa con el paraguas, del cual, por cierto, existen dos versiones. El más utilizado para los días de en lluvia es el de plástico transparente, ideal para dejar pasar la luz y disfrutar de la lluvia sobre uno sin mojarse.
La otra versión consiste en un paraguas mucho más pequeño y coqueto que suelen utilizar más las mujeres para protegerse de la reacción en los días soleados.
Aspecto que se le queda a uno tras salir del onsen

¿Meditando o durmiendo?


Tan acostumbrados están a los paraguas en general que en todos los comercios y restaurantes tienen unas cajoneras especiales dónde dejarlos antes de entrar, o unas máquinas que en un instante te envuelven el paraguas con una bolsa de plástico para que no gotee. Y tranquilos, aquí nadie tocará tu paraguas si lo dejas en la entrada del centro comercial o supermercado y sales dos horas más tarde. Estamos en Japón, aquí nadie toca nada que no sea suyo… Simplemente no es suyo!
Volviendo al tema del agua, una vez equipadoscon el chubasquero, paraguas y sandalias para evitar tener que deambular con los calcetines mojados, ya estamos preparados para chapotear por los charcos y seguir turisteando.
Aún así, si la humedad cala los huesos, no hay problema, porque hay una sorpresa que los japoneses nos tienen preparada: los onsen. 
Japón está literalmente sumergido en agua caliente y aprovechando la gran cantidad de manantiales termales que brota de la tierra, los japoneses tienen la tradición de utilizarlos para multitud de cosas, entre ellas su importante higiene personal.
Así pues, los onsen constituyen una especie de "spa" (pero mucho menos sofisticados y mucho más encantadores) a los que acuden, a diario millones de japoneses para el ritual de limpieza.
Existen Onsen de todo de tipo, urbanos o rurales, de interior o de exterior, de montaña o frente al mar, con agua sulfurosas o ricas en hierro.
Da igual, todo vale a la hora de relajarse en la poza de agua humeante.
Pero que nadie piense en una piscina a la que se acude a pasar el rato; nada más lejos. Son baños, y la finalidad es la limpieza. De hecho, antes de entrar en el agua debes lavarte rigurosamente (verles a ellos es hipnotizante) y evidentemente uno no puede lavarse con el bañador puesto...
Conclusión, que sólo salimos de debajo del paraguas para meternos en el agua, y salimos de ella para evitar la con el paraguas. 
Así pasamos últimamente nuestros días en Japón: bajo el agua.


contentos aunque no pare de llover...

PiA



jueves, 31 de julio de 2014

El reservorio del legado cultural japonés

4 km de toriis sagradas le acercan al cielo
Hoy en día la capital de Japón es la inabarcable ciudad de Tokio, pero hubo un tiempo, no muy lejano, donde la actividad del archipiélago giraba en torno a otra zona y los samuráis y las geishas paseaban por las calles entre templos budistas y santuarios sintoístas. Para intentar retroceder en el tiempo hasta ese momento, nos trasladamos a Kioto y la vecina Nara, dos emplazamientos que sirven de reservorio del legado cultural japonés y donde el empacho de templos está asegurado. 

¿Quién brilla más: el templo o nosotros?
Sin tener aún claro si es lo habitual o simplemente un devenir de Fortuna, el cielo nos regala los días más húmedos, calurosos y asfixiantes de nuestra, ya no tan corta, estancia japonesa. Con tres días por delante, una humedad relativa del 85% (una sauna turca, vamos) y 17 lugares declarados Patrimonio Mundial por la Unesco en Kyoto más otros 8 en Nara, uno debe poner límites y preferencias si no quiere acabar haciendo turismo en un hospital japonés. Por eso, ataviados de crema solar, gafas, gorro y agua, mucha agua y haciendo uso de la premisa "lo bueno, si breve, dos veces bueno", visitamos los puntos más emblemáticos disparando fotos a diestro y siniestro. Desde luego, si alguien pretende abarcarlo todo, esperamos que disponga de tiempo suficiente, de lo contrario corre el riesgo de saturación y colapso.

Practicando artes marciales con la fauna local
La verdad es que resulta impresionante, pero algunos detalles deslucen lo que, de otra manera, sería una experiencia realmente mística. 
Para empezar, los templos y santuarios están construidos en madera, lo que hace que muchos de los monumentos hayan sido reconstruidos tras incendios, derribos, carcomas o el simple deterioro por el paso del tiempo. Nos preguntamos: ¿hasta qué punto una reconstrucción, por muy fideligna que esta sea, conserva la esencia del original?
En segundo lugar, la ingente cantidad de turistas que diariamente visitamos estos lugares le resta trascendencia a la experiencia. Todo adquiere ese aire de "atracción de feria" cercano a un parque temático, una sensación de irrealidad que, paradójicamente, obliga a esforzarse a imaginar cómo debían ser las cosas cuando realmente estamos en el mejor lugar para imaginarlas.

Unos guías inesperados pueden aparecer en cualquier momento
Con estas reflexiones pasamos las horas de sombra en sombra y agradeciendo la presencia de máquinas dispensadoras de bebidas de todo tipo bien fresquitas en cada esquina de Japón, usando autobuses urbanos que te criogenizan al subir y sorbiendo sopas de fideos servidos entre cúbitos de hielo y hojas de arce... Empezamos a estar realmente en sintonía con Japón... ¡no nos extrañaría amanecer un día con los ojos rasgados!

PiA

domingo, 27 de julio de 2014

Japón Vs Japón

Proponemos un juego: nosotros nombramos una palabra y simplemente hay que pensar qué nos evoca. La palabra, evidentemente, es "Japón".

¿Qué pensará la niña del puente?
A la mente pueden acudir inumerables ideas: tal vez relacionadas con la tradición, las espiritualidad, la delicadeza, la ceremonia del té, la contemplación, el minimalismo llevado a su máxima expresión… ; o tal vez se relacionan más con la tecnología, la robótica, los trenes bala, los karaokes, los videojuegos, el manga, los hoteles cápsula…
Pues sí, son de madera.


Lo que está claro, y lo que estamos descubriendo es que existen y coexisten dos japones totalmente diferentes. El clasicismo y la vanguardia se dan la mano en este archipiélago donde los amuletos de los templos se adquieren en máquinas dispensadoras.

Date prisa, que estoy metiendo tripa.
Basta salir de Tokio y adentrarse en la zona montañosa de los Alpes japoneses para comprobar cómo el asfalto es paulatinamente sustituido por el verde de los arrozales y cómo los semáforos se convierten en espantapájaros. La canción de los pájaros deja de ser una grabación emitida por la megafonía del metro para sonar directamente de las golondrinas revoloteando para alimentar a sus crías. Los rascacielos se transforman en casas de madera y las luces de neón pasan a ser farolillos de los templos... Nada que no nos podamos imaginar de la vida en una provincia, pero aquí el contraste es todavía más extremo.


Nos resultaría muy complicado tener que elegir entre una de las dos versiones, y es que, precisamente la polaridad existente es la que dota de un carácter tan diferenciador y especial a esta sociedad. Por eso nos quedamos con el resultado final: un amalgama de colores que da como resultado un cuadro pintorescamente exótico donde nunca sabes lo que está a punto de suceder, y mucho menos, por qué.

PiA






miércoles, 23 de julio de 2014

Fuji-san summit

Summit!
Tras haber dejado atrás la vorágine de Tokio hemos salido a conocer los alrededores de la capital y queremos destacar la experiencia que hemos tenido la ocasión de vivir en la zona del monte Fuji. Además de ser la cima más elevada de Japón (3776 m) es una montaña sagrada  y lugar de peregrinación para los japoneses. Cuando la temporada de escalada comienza (de mayo a octubre) auténticas riadas humanas llegan a la zona con la intención de hacer cumbre.
La forma más típica de ascenso es durante la noche para llegar a la cima al alba. La subida no es complicada técnicamente, pero la altura y el desnivel exigen un mínima condición física. Nosotros llegamos a la tarde con la intención de subir esa misma noche, pero las tormentas anunciadas durante las horas siguientes nos inclinaron por posponer el intento para el día siguiente.
Aprovechamos la tarde a recorrer la región de los cinco Lagos y navegar en uno de ellos, usando los botes de pedales típicos de aquí, que son como los de casa, pero con forma de cisne. 
Tras una noche de lluvia no levantamos a las 5:30 de la mañana y tras una hora de bus llegamos a la base donde comienza la subida del Fuji.
El ambiente, envuelto dede una espesa niebla resulta fantasmagórico y la temperatura bastante fresca.
El camino es muy bueno y constantemente salpicado de refugios donde comprar comida, dormir usar el baño (previo pago, por supuesto). Incluso puedes comprar botellines de oxígeno para facilitar la subida.
Como subimos con el horario cambiado, vemos bajar multitudes de japoneses agonizantes. Parece una escena de una película de zombies. Por contra, los que suben son muy pocos y la niebla ayuda a crear un efecto de soledad.
3776 m + 1
Otra cosa que nos llama la atención es la equipación de los japoneses. Calculamos que cada uno de ellos lleva más de 1500 € de  presupuesto en material de montaña de ultimísima generación, aunque esto no impide que para subir necesiten hacer acopio de botellas de oxígeno y  literalmente se arrastren cojeando. Desde luego, no les falta voluntad para culminar su peregrinación, porque se ven desde niños de siete años hasta ancianos de 80.
El caso es que, tras dejar en cuatro horas y media las supuestas seis horas de subida llegamos a la cima donde la niebla se abrió para dejar a la vista el cráter de 3 km de perímetro con restos de nieve sobre una alfombra de nubes que recubrían todo lo que abarcaba la vista. Un espectáculo maravilloso que merece la pena vivir.
Desde ahí hasta abajo, tres horas más de pendiente más otra de autobús hasta nuestro hostal, donde nos relajamos en su baño tradicional que combinaba agua hirviendo con agua helada para acabar de recuperarnos las piernas y dormir, como hasta ahora no lo habíamos hecho en Japón.

La señora Tatami revisando la instalación eléctrica

PiA

domingo, 20 de julio de 2014

Sushi & swing

Los peces  también tienen sangre
Dicen que el mejor sushi del mundo se come en el mercado de pescado de Tsukiyi, y eso, no nos lo podíamos perder. Sabíamos que Japón es el mayor consumidor de pescado por habitante del mundo e imaginábamos que la lonja de la capital debía ser bastante impresionante, pero en ningún momento podíamos sospechar lo que vimos la mañana de ayer. Y es que el mercado que abastece de pescado a la ciudad más poblada del mundo debía tener dimensiones mundiales. 
Imaginad todas las pescaderías de España reunidos en un recinto, donde por los pasillos circulan carretillas eléctricas a toda velocidad y se amontonan las cajas de plástico, barreños, acuarios con peces vivos, bolsas de plástico con pulpos dentro moviéndose, atunes gigantes por los suelos y mangueras que limpian la sangre del suelo y salpican por igual a género y visitantes.
Curiosamente la vorágine de actividad te deja paralizado mientras un caos perfectamente organizado te hace poner esa estúpida cara de turista embobado sosteniendo una cámara de fotos a punto de ser atropellado por una carretilla transportadora.
¿Qué quieres desayunar? ¡Pescado crudo y nada más!

Tras perdernos entre los puestos y aprender lecciones de biología marina acelerada con las especies que sólo antes habíamos visto en documentales de la 2 nos dirigimos a probar el tan famoso pescado crudo. Para ello, nos sentamos en una de las tascas que abarrotan los alrededores del mercado y nos tomamos la mejor sopa de miso y el mejor sushi de nuestra existencia. Las comparaciones son odiosas, lo sabemos, pero a partir de ahora, cada vez que tomemos sushi, inevitablemente tendremos en la cabeza esta experiencia gastronómica como referente.
Pero los días dan para mucho, quita tras turistear por la ciudad nos fuimos al hotel a darnos una ducha y cambiarnos de ropa porque teníamos un evento nocturno que acudir. Habíamos oído que en Tokio se bailaba swing y teníamos unas ganas locas de conocer el "frame" nipón.
Como aún no tenemos foto del swing.... Ponemos esta, que es chula.
Gracias a las redes sociales contactamos con Yusuke, un japonés profesor de lindy hop que tocaba en directo esta noche. Así que, ni cortos ni perezosos, nos dirigimos allá. El local era, cuanto menos, curioso: sin saber exactamente por qué, estaba ambientado con lianas de plantas enredaderas, telas de estampado de leopardo colgadas del techo, calaveras por las paredes y luces verdes. Parecía que íbamos a la jungla o de Safari. Pero afortunadamente la decoración simplemente era otro intento japonés de buscar la alteridad y parecer sofisticado.
Al llegar había cinco parejas recibiendo una clase de Yusuque y pronto empezó el concierto. Las condiciones (lianas de por medio incluidas) no eran las ideales para bailar, pero pudimos hacerlo durante un par de horas en las cuales conocimos gente muy divertida. Tuvimos la suerte de conocer a un chico de padre español que estudia en Tokio, que nos introdujo un poco y resolvió nuestras curiosidades más vitales al respecto del comportamiento japonés. En resumen, una jornada intensa y enriquecedora para despedirnos (de momento) de este universo de dulces y asfalto.
PiA