miércoles, 17 de septiembre de 2014

Resumen del periplo nipón

Hay viajes que te marcan, y esa huella es imposible de transmitir con imágenes, música o relatos. Aun así recurrimos a las fotos para rememorar lo vivido, tratando de atrapar el tiempo en nuestras manos... 



domingo, 10 de agosto de 2014

Como ranas...

Agua y más agua....Ultimamos nuestros días nipones, perseguidos por un tifón llamado Halong: abriendo y cerrando paraguas, esquivando charcos y remojándonos de vez en cuando...











martes, 5 de agosto de 2014

Japón bajo el agua



banyo junto al arroyo, 8 euros tiempo ilimitado.
Antes de iniciar nuestro periplo pensamos culminarlo con una inmersión para ver las tortugas que, por estas fechas, acuden a desovar a las playas de las islas del sur.
Creíamos que tendríamos unas ganas locas de bañarnos, sumergirnos y bucear entre peces de colores que juegan al escondite en el coral. Nos equivocábamos.
Encaramos la recta final de nuestro viaje más mojados de lo que esperábamos a esas alturas y es que, aunque sabíamos que en Japón durante el verano podía llover el momento, no imaginábamos que esta afirmación podría significar cinco días seguidos de lluvia y diluvios.

"Infierno" hirviente no apto para bañarse
Aquí la lluvia es algo natural, hasta el punto que lo más habitual es salir de casa con el paraguas, del cual, por cierto, existen dos versiones. El más utilizado para los días de en lluvia es el de plástico transparente, ideal para dejar pasar la luz y disfrutar de la lluvia sobre uno sin mojarse.
La otra versión consiste en un paraguas mucho más pequeño y coqueto que suelen utilizar más las mujeres para protegerse de la reacción en los días soleados.
Aspecto que se le queda a uno tras salir del onsen

¿Meditando o durmiendo?


Tan acostumbrados están a los paraguas en general que en todos los comercios y restaurantes tienen unas cajoneras especiales dónde dejarlos antes de entrar, o unas máquinas que en un instante te envuelven el paraguas con una bolsa de plástico para que no gotee. Y tranquilos, aquí nadie tocará tu paraguas si lo dejas en la entrada del centro comercial o supermercado y sales dos horas más tarde. Estamos en Japón, aquí nadie toca nada que no sea suyo… Simplemente no es suyo!
Volviendo al tema del agua, una vez equipadoscon el chubasquero, paraguas y sandalias para evitar tener que deambular con los calcetines mojados, ya estamos preparados para chapotear por los charcos y seguir turisteando.
Aún así, si la humedad cala los huesos, no hay problema, porque hay una sorpresa que los japoneses nos tienen preparada: los onsen. 
Japón está literalmente sumergido en agua caliente y aprovechando la gran cantidad de manantiales termales que brota de la tierra, los japoneses tienen la tradición de utilizarlos para multitud de cosas, entre ellas su importante higiene personal.
Así pues, los onsen constituyen una especie de "spa" (pero mucho menos sofisticados y mucho más encantadores) a los que acuden, a diario millones de japoneses para el ritual de limpieza.
Existen Onsen de todo de tipo, urbanos o rurales, de interior o de exterior, de montaña o frente al mar, con agua sulfurosas o ricas en hierro.
Da igual, todo vale a la hora de relajarse en la poza de agua humeante.
Pero que nadie piense en una piscina a la que se acude a pasar el rato; nada más lejos. Son baños, y la finalidad es la limpieza. De hecho, antes de entrar en el agua debes lavarte rigurosamente (verles a ellos es hipnotizante) y evidentemente uno no puede lavarse con el bañador puesto...
Conclusión, que sólo salimos de debajo del paraguas para meternos en el agua, y salimos de ella para evitar la con el paraguas. 
Así pasamos últimamente nuestros días en Japón: bajo el agua.


contentos aunque no pare de llover...

PiA



jueves, 31 de julio de 2014

El reservorio del legado cultural japonés

4 km de toriis sagradas le acercan al cielo
Hoy en día la capital de Japón es la inabarcable ciudad de Tokio, pero hubo un tiempo, no muy lejano, donde la actividad del archipiélago giraba en torno a otra zona y los samuráis y las geishas paseaban por las calles entre templos budistas y santuarios sintoístas. Para intentar retroceder en el tiempo hasta ese momento, nos trasladamos a Kioto y la vecina Nara, dos emplazamientos que sirven de reservorio del legado cultural japonés y donde el empacho de templos está asegurado. 

¿Quién brilla más: el templo o nosotros?
Sin tener aún claro si es lo habitual o simplemente un devenir de Fortuna, el cielo nos regala los días más húmedos, calurosos y asfixiantes de nuestra, ya no tan corta, estancia japonesa. Con tres días por delante, una humedad relativa del 85% (una sauna turca, vamos) y 17 lugares declarados Patrimonio Mundial por la Unesco en Kyoto más otros 8 en Nara, uno debe poner límites y preferencias si no quiere acabar haciendo turismo en un hospital japonés. Por eso, ataviados de crema solar, gafas, gorro y agua, mucha agua y haciendo uso de la premisa "lo bueno, si breve, dos veces bueno", visitamos los puntos más emblemáticos disparando fotos a diestro y siniestro. Desde luego, si alguien pretende abarcarlo todo, esperamos que disponga de tiempo suficiente, de lo contrario corre el riesgo de saturación y colapso.

Practicando artes marciales con la fauna local
La verdad es que resulta impresionante, pero algunos detalles deslucen lo que, de otra manera, sería una experiencia realmente mística. 
Para empezar, los templos y santuarios están construidos en madera, lo que hace que muchos de los monumentos hayan sido reconstruidos tras incendios, derribos, carcomas o el simple deterioro por el paso del tiempo. Nos preguntamos: ¿hasta qué punto una reconstrucción, por muy fideligna que esta sea, conserva la esencia del original?
En segundo lugar, la ingente cantidad de turistas que diariamente visitamos estos lugares le resta trascendencia a la experiencia. Todo adquiere ese aire de "atracción de feria" cercano a un parque temático, una sensación de irrealidad que, paradójicamente, obliga a esforzarse a imaginar cómo debían ser las cosas cuando realmente estamos en el mejor lugar para imaginarlas.

Unos guías inesperados pueden aparecer en cualquier momento
Con estas reflexiones pasamos las horas de sombra en sombra y agradeciendo la presencia de máquinas dispensadoras de bebidas de todo tipo bien fresquitas en cada esquina de Japón, usando autobuses urbanos que te criogenizan al subir y sorbiendo sopas de fideos servidos entre cúbitos de hielo y hojas de arce... Empezamos a estar realmente en sintonía con Japón... ¡no nos extrañaría amanecer un día con los ojos rasgados!

PiA

domingo, 27 de julio de 2014

Japón Vs Japón

Proponemos un juego: nosotros nombramos una palabra y simplemente hay que pensar qué nos evoca. La palabra, evidentemente, es "Japón".

¿Qué pensará la niña del puente?
A la mente pueden acudir inumerables ideas: tal vez relacionadas con la tradición, las espiritualidad, la delicadeza, la ceremonia del té, la contemplación, el minimalismo llevado a su máxima expresión… ; o tal vez se relacionan más con la tecnología, la robótica, los trenes bala, los karaokes, los videojuegos, el manga, los hoteles cápsula…
Pues sí, son de madera.


Lo que está claro, y lo que estamos descubriendo es que existen y coexisten dos japones totalmente diferentes. El clasicismo y la vanguardia se dan la mano en este archipiélago donde los amuletos de los templos se adquieren en máquinas dispensadoras.

Date prisa, que estoy metiendo tripa.
Basta salir de Tokio y adentrarse en la zona montañosa de los Alpes japoneses para comprobar cómo el asfalto es paulatinamente sustituido por el verde de los arrozales y cómo los semáforos se convierten en espantapájaros. La canción de los pájaros deja de ser una grabación emitida por la megafonía del metro para sonar directamente de las golondrinas revoloteando para alimentar a sus crías. Los rascacielos se transforman en casas de madera y las luces de neón pasan a ser farolillos de los templos... Nada que no nos podamos imaginar de la vida en una provincia, pero aquí el contraste es todavía más extremo.


Nos resultaría muy complicado tener que elegir entre una de las dos versiones, y es que, precisamente la polaridad existente es la que dota de un carácter tan diferenciador y especial a esta sociedad. Por eso nos quedamos con el resultado final: un amalgama de colores que da como resultado un cuadro pintorescamente exótico donde nunca sabes lo que está a punto de suceder, y mucho menos, por qué.

PiA






miércoles, 23 de julio de 2014

Fuji-san summit

Summit!
Tras haber dejado atrás la vorágine de Tokio hemos salido a conocer los alrededores de la capital y queremos destacar la experiencia que hemos tenido la ocasión de vivir en la zona del monte Fuji. Además de ser la cima más elevada de Japón (3776 m) es una montaña sagrada  y lugar de peregrinación para los japoneses. Cuando la temporada de escalada comienza (de mayo a octubre) auténticas riadas humanas llegan a la zona con la intención de hacer cumbre.
La forma más típica de ascenso es durante la noche para llegar a la cima al alba. La subida no es complicada técnicamente, pero la altura y el desnivel exigen un mínima condición física. Nosotros llegamos a la tarde con la intención de subir esa misma noche, pero las tormentas anunciadas durante las horas siguientes nos inclinaron por posponer el intento para el día siguiente.
Aprovechamos la tarde a recorrer la región de los cinco Lagos y navegar en uno de ellos, usando los botes de pedales típicos de aquí, que son como los de casa, pero con forma de cisne. 
Tras una noche de lluvia no levantamos a las 5:30 de la mañana y tras una hora de bus llegamos a la base donde comienza la subida del Fuji.
El ambiente, envuelto dede una espesa niebla resulta fantasmagórico y la temperatura bastante fresca.
El camino es muy bueno y constantemente salpicado de refugios donde comprar comida, dormir usar el baño (previo pago, por supuesto). Incluso puedes comprar botellines de oxígeno para facilitar la subida.
Como subimos con el horario cambiado, vemos bajar multitudes de japoneses agonizantes. Parece una escena de una película de zombies. Por contra, los que suben son muy pocos y la niebla ayuda a crear un efecto de soledad.
3776 m + 1
Otra cosa que nos llama la atención es la equipación de los japoneses. Calculamos que cada uno de ellos lleva más de 1500 € de  presupuesto en material de montaña de ultimísima generación, aunque esto no impide que para subir necesiten hacer acopio de botellas de oxígeno y  literalmente se arrastren cojeando. Desde luego, no les falta voluntad para culminar su peregrinación, porque se ven desde niños de siete años hasta ancianos de 80.
El caso es que, tras dejar en cuatro horas y media las supuestas seis horas de subida llegamos a la cima donde la niebla se abrió para dejar a la vista el cráter de 3 km de perímetro con restos de nieve sobre una alfombra de nubes que recubrían todo lo que abarcaba la vista. Un espectáculo maravilloso que merece la pena vivir.
Desde ahí hasta abajo, tres horas más de pendiente más otra de autobús hasta nuestro hostal, donde nos relajamos en su baño tradicional que combinaba agua hirviendo con agua helada para acabar de recuperarnos las piernas y dormir, como hasta ahora no lo habíamos hecho en Japón.

La señora Tatami revisando la instalación eléctrica

PiA

domingo, 20 de julio de 2014

Sushi & swing

Los peces  también tienen sangre
Dicen que el mejor sushi del mundo se come en el mercado de pescado de Tsukiyi, y eso, no nos lo podíamos perder. Sabíamos que Japón es el mayor consumidor de pescado por habitante del mundo e imaginábamos que la lonja de la capital debía ser bastante impresionante, pero en ningún momento podíamos sospechar lo que vimos la mañana de ayer. Y es que el mercado que abastece de pescado a la ciudad más poblada del mundo debía tener dimensiones mundiales. 
Imaginad todas las pescaderías de España reunidos en un recinto, donde por los pasillos circulan carretillas eléctricas a toda velocidad y se amontonan las cajas de plástico, barreños, acuarios con peces vivos, bolsas de plástico con pulpos dentro moviéndose, atunes gigantes por los suelos y mangueras que limpian la sangre del suelo y salpican por igual a género y visitantes.
Curiosamente la vorágine de actividad te deja paralizado mientras un caos perfectamente organizado te hace poner esa estúpida cara de turista embobado sosteniendo una cámara de fotos a punto de ser atropellado por una carretilla transportadora.
¿Qué quieres desayunar? ¡Pescado crudo y nada más!

Tras perdernos entre los puestos y aprender lecciones de biología marina acelerada con las especies que sólo antes habíamos visto en documentales de la 2 nos dirigimos a probar el tan famoso pescado crudo. Para ello, nos sentamos en una de las tascas que abarrotan los alrededores del mercado y nos tomamos la mejor sopa de miso y el mejor sushi de nuestra existencia. Las comparaciones son odiosas, lo sabemos, pero a partir de ahora, cada vez que tomemos sushi, inevitablemente tendremos en la cabeza esta experiencia gastronómica como referente.
Pero los días dan para mucho, quita tras turistear por la ciudad nos fuimos al hotel a darnos una ducha y cambiarnos de ropa porque teníamos un evento nocturno que acudir. Habíamos oído que en Tokio se bailaba swing y teníamos unas ganas locas de conocer el "frame" nipón.
Como aún no tenemos foto del swing.... Ponemos esta, que es chula.
Gracias a las redes sociales contactamos con Yusuke, un japonés profesor de lindy hop que tocaba en directo esta noche. Así que, ni cortos ni perezosos, nos dirigimos allá. El local era, cuanto menos, curioso: sin saber exactamente por qué, estaba ambientado con lianas de plantas enredaderas, telas de estampado de leopardo colgadas del techo, calaveras por las paredes y luces verdes. Parecía que íbamos a la jungla o de Safari. Pero afortunadamente la decoración simplemente era otro intento japonés de buscar la alteridad y parecer sofisticado.
Al llegar había cinco parejas recibiendo una clase de Yusuque y pronto empezó el concierto. Las condiciones (lianas de por medio incluidas) no eran las ideales para bailar, pero pudimos hacerlo durante un par de horas en las cuales conocimos gente muy divertida. Tuvimos la suerte de conocer a un chico de padre español que estudia en Tokio, que nos introdujo un poco y resolvió nuestras curiosidades más vitales al respecto del comportamiento japonés. En resumen, una jornada intensa y enriquecedora para despedirnos (de momento) de este universo de dulces y asfalto.
PiA

jueves, 17 de julio de 2014

48 horas en Tokyo dan para mucho

Póngame algo rosa, por favor.

Cumplimos nuestros primeros 2 días en la capital nipona y ya empezamos a sentir el pulso de la ciudad. El jet lag parece que comienza a dejarnos descansar y poco a poco nos vamos integrando a base de recorrer kilómetros de asfalto. Los días son tremendamente húmedos y calurosos, y el cielo se llena de bruma gris aumentando la sensación de bochorno. De momento todos los paraguas que vemos están destinados a proteger del sol.

El metro es rápido y eficiente, pero algo laberíntico. Resulta curioso el silencio que habita dentro de los vagones. Hemos estado en bibliotecas donde la gente hablaba más (evidentemente, españolas). Eso sí, cada viajero fija la vista en la pantalla de su móvil o iPad.
Pero ese carácter reservado explota durante la noche, cuando, al salir del trabajo, se reúnen grupos de hombres a beber cerveza, fumar y sorber fideos. El escándalo que hacen al hablar y reír calurosamente dificulta la conversación del comensal de al lado.
Degustando las especialidades locales
Otro aspecto curioso es el silencio de los coches en el centro de la ciudad. Eléctricos o híbridos, la flota automovilística nipona parece sacada del futuro.
También nos ha impactado el culto a la individualidad. En una sociedad tan numerosa y subordinada al orden, la juventud ansía desesperadamente diferenciarse del prójimo y recorre las tiendas de moda en busca de su personalidad. La mezcla en la calle resulta conmovedora: hordas de ejecutivos ataviados con uniforme de pantalón gris, camisa blanca, zapatos y cartera de trabajo. Frente a mil variaciones y combinaciones de todo tipo de ropa, complementos, maquillaje y peinados en los jóvenes. Si es la vanguardia de la moda o simplemente horteradas, que lo juzgue cada uno.
PiA

Silencio, por favor.


















martes, 15 de julio de 2014

De Madrid a Tokio te crece la barba

No es un hospital, es Turkish Airlines
Por fin.Apenas hace unos minutos que hemos llegado al hotel y desde nuestro camarote de un noveno piso intentamos aclarar las ideas. Parece que nos hayamos bajado de una lavadora. La cabeza nos da vueltas y sólo queremos dormir algo. 
Son las 21:51 del 15 de julio y llevamos desde las 14:30 del 14 en marcha. Más de 24 h de ajetreo, 12.000 km en el aire, escala en Estambul incluida, 70 km de tren y dos mochilas en la espalda. Aparte de la distancia y el tiempo, el trayecto ha transcurrido sin grandes novedades.
Auba redescubriendo a Mazinguer Z

Queda para el recuerdo el bullicio del aeropuerto de Estambul a las 12 de la noche que contrasta con las primeras impresiones de Tokio, donde no se oye a la gente hablar (la leyenda urbana de todos los japoneses mirando sus móviles en el metro es real) ni los coches hacen ruido. 
El único susto ha sido esperar en la cinta del aeropuerto a que apareciera, la última de todas, la mochila de Auba. 
Por cierto, para el próximo viaje en avión no hay que olvidar unos pantalones de repuesto para cuando uno se derrama el té. Mañana empieza la exploración…



PiA





lunes, 14 de julio de 2014

Más de 100 motivos

Welcome on board, fasten your seat belt and enjoy the flight!
Tras cuatro años de inactividad digital volvemos a calzarnos la mochila virtual. Y es que la ocasión bien lo merece: el próximo mes recorreremos tierras niponas en una cruzada personal contra nuestros fantasmas interiores. La catarsis como forma de redención.
Podríamos hablar largo y tendido sobre los motivos que nos impulsan a viajar, sobre lo que es un viaje, sobre cuándo empieza y cuándo acaba... Podríamos discutir horas y días sin ponernos de acuerdo, pero hay algo que permanece firme: el convencimiento de que viajar es necesario. Sólo conociendo las alternativas a nuestro día a día podemos llegar a conocernos a nosotros mismos, a situarnos, a ubicarnos y analizarnos. No contemplamos la perspectiva del que permanece estático sin poner a prueba y contrastar sus convicciones.
Por eso, una vez más, os invitamos a subir en nuestra mochila, para que podáis asomaros desde un descosido y contempléis otros escenarios diferentes. Y, sobre todo, para llevaros y sentiros muy cerquita nuestro, porque de nada sirve salir a la aventura si no tienes un motivo para regresar... vosotros!
PiA


Allá vamos!

viernes, 10 de diciembre de 2010

Lo que nunca se dijo

Tic, tac, tic, tac...
El reloj avanza a ritmo implacable. Siempre lo hace.
Sólo nos quedan 9 h de tute por Bangkok antes de tener que estar en el aeropuerto. Tiempo para reflexionar echando la vista atrás, mirando y rebuscando entre la memoria las estampas más vibrantes de nuestro viaje. Algunas más divertidas y algunas menos agradables.
Durante el tiempo que llevamos con esta mochila a la espalda, hemos tratado en todo momento de ser honestos, de explicar nuestras vivencias a todos vosotros. Sin asustar a la familia ni aburrir a los amigos. De mostrar a los voyeurs que abren bolsillos de la mochila a hurtadillas e informar a los aventureros que planeen una excursión por esta zona. Todo lo que hemos publicado es real. La realidad que hemos vivido. Pero no hemos explicado la realidad al completo. Hemos preferido no mostrar aquello que pudiera preocupar a las madres o dar una imagen equivocada para evitar disgustos innecesarios.

AVISO: la información que a continuación se revela no son desgracias, son anécdotas obligadas en cualquier viaje que se precie. En cualquier caso, siempre han tenido final feliz.

  • Nos caemos con la moto en Laos... 2 veces! Dos caídas chorras en tres días. Solo Pablo (que conduce) sale lastimado: rozaduras, quemaduras, una fisurilla en la costilla y sangre. Todo se resuelve con cariño, betadine y unas gasas. La sangre y el calor afectan a Auba, que se marea y casi se desmaya en plena carretera.
  • Pablo nota un picorcillo en el pie. Cuando finalmente se lo mira tiene adherida a la piel... una sanguijuela! Estos incordiosos parásitos son muy comunes en Laos. Ahora ya sabemos como eliminarlos sin riesgo de infección, pero en aquel momento hicimos todo lo necesario para que se infectara.
  • El bus en el que viajamos atropella un motorista en Camboya. Esto fue mucho mas serio y desagradable. Lo peor fue ver la lentitud e ineficacia de los servicios de emergencia camboyanos. El bus quedo requisado y el conductor detenido. Sobre el motorista no sabemos nada.
  • La mendicación para la malaria nos produce ligeras molestias: durante un mes Pablo acude a su cita con el sanitario algo "sueltecillo". Auba solo tiene problemas de visión los primeros días.
  • Tocamos fondo cuando pasamos una semana con severas molestias gastrointestinales: diarreas, vómitos, flatulencias, mareos, nauseas, anorexia. Por mas pastillas y suero que tomamos nada se arregla. Al final nos informamos sobre los pasibles parásitos intestinales, nos autodiagnosticamos y nos autotratamos. Tras una semanita de antibiótico estamos como nuevos (y muy delgaditos). Por cierto, el bicho se llamaba: Giardia.
  • Auba descuida su bolso (dinero, cámara, y lo peor el pasaporte!) en el minibus de linea. Cuando nos damos cuenta, el bus ya no se encuentra en la ciudad. En Laos no hay embajada española y sin pasaporte no podemos salir del país! Ante la desaparición y los nervios, empezamos la búsqueda y la persecución de la furgonetilla  (nos preguntamos todavía como). Gracias a un tuc-tuquero y todos sus colegas compinchados después de dos horas y por el módico precio de 20 euros, recuperamos el bolso y todos sus valores a 20 km de la ciudad. Increíble pero cierto!!
  • Los mosquitos nos acribillan hasta que menos de 10 picaduras al día sean pocas, las picadas se vuelven indefinidas. Mosquiteras, repelentes, pulseras, vitaminas, espirales... La voracidad del mosquito asiático lo puede todo.
  • En mas de una ocasión hubiéramos querido estar uno en la Conchinchina y otro en Argentina, 3 meses intensivos, 24 hrs seguidas no son buenas para ninguna persona humana.
  • Se nos calan las mochilas en el maletero de los buses por las inundaciones. Mas de dos veces pasamos por charcos que casi llegan hasta el conductor y luego hay que poner todo a lavar y a secar.
  • Nos atrevemos a coger mototaxis por Camboya y Vietnam. Conductores kamikazes, motos chatarras y sin casco, por supuesto. A veces, por no separarnos (y luego no encontrarnos, que también nos ha pasado), probamos yendo juntos: Auba, Pablo, el conductor, todas las mochilas, todos los baches y una sola moto!
  • Conocemos en primera persona y de cerca el water turco, las duchas encharcadas y llenas de moho, el agua marrón del grifo, y las cucarachas.
  • Nos resignamos en los vehículos que adelantan sin visión, circulan a demasiada velocidad y se saltan los semáforos (si es que los hay). Echamos de menos los cinturones y no dejamos de rogar.
Es algo de lo que nos acordamos. En su momento nos afecto, pero ahora sonreímos al recordarlo como anécdotas.
Sentimos no poder acompañarlo con fotos porque (por ahora, esperamos poder recuperarlas), hemos perdido gran parte de las fotos! Malditas tecnologías!

Tic, tac, tic, tac...

PiA

martes, 7 de diciembre de 2010

En busca del sol perdido

Si sale el sol nos quedamos
Nuestro tiempo en Vietnam se agota y decidimos buscar el dulce sol de invierno para nuestro ultimos dias de viaje. Para ello volamos al sur de Tailandia, concretamente a Railay: peninsula incomunicada por majestuosas paredes karsticas (sobradamente conocidas por los amantes de la escalada), y a la cual solo se accede por mar. Nos destinamos alli con la intencion de estar 2 o 3 dias absorbiendo rayos solares, calor, y demas actividades playeras, para luego seguir nuestro camino rumbo a Bangkok.
Naufrago superviviente del tsunami
Pero el tiempo tiene otros planes y topamos con la unica semana de nubes de toda la temporada seca. Vamos alargando nuestra estancia con la esperanza de que el tiempo mejore, pero cualquier cambio es a peor. Casi sin percatarnos y algo cansados de dar tumbos, consumimos toda la semana sin movernos de aqui. Poco a poco nos contagiamos del ritmo aletargado y los dias se suceden a una velocidad vertiginosa sin saber a ciencia cierta en que empleamos el tiempo. A veces tenemos que preguntar la hora porque no podemos creer que la manecilla de nuestro reloj avance tan deprisa.



Grupo confirmado para el SOS'11
En realidad hemos aprovechado mucho el tiempo: inmersiones en Kho Phi Phi buscando escurridizos tiburones y tortugas, excursiones en kayac sortendo medusas enormes, buceos desde la costa en busca de arrecifes, paseos por la jungla espiando a los monos y evitando aranyas y serpientes. Hemos peinado la costa recopilando esqueletos de corales, comparado calidades de agua y tipos de arena en las diferentes playas, trepado por las paredes de roca y los canyones de barro en busca de lagunas interiores, espantado muchos mosquitos y aliviado mas picaduras, esquivado cocos asesinos, conocido mucha gente e intimado con poca (haremos mencion del Joe y el Cholo (lo prometido es deuda) ), juntos se nos ha hecho de noche tomando cervezas y de dia desayunando.

El chiri-barco es una
buena idea para importar
En la peninsula de Railay se respira un ambiente muy relajado. Mucha gente llega sola pero enseguida se une formando grupos. La mayoria son gente joven que acude bajo el reclamo de las paredes. No hay atisbo de guiris borrachos ni turismo de masas. Los locales tienen mas parecido a los jamaicanos que a los Thai (quizas demasiado). En 2 dias todo el mundo te suena y en 4 ya te sabes la vida de casi todos. Aqui no hay fruterias ni tiendas de ropa. Solo restaurantes de arroz y fideos y bungalows en mejor o peor estado (el nuestro venia con gato y aguila cojo incorporado).

Jane, tratando de bajar
 por la liana
En resumen, una semana de vacaciones en toda regla, ideal para descansar despues de dias de mucho ajetreo y de noches en trenes, buses y aeropuertos. Ahora nos sentimos con las pilas recargadas, con fuerzas, energia y ganas de afrontar la siguiente etapa de nuestro viaje: el retorno.

PiA




lunes, 29 de noviembre de 2010

Arroz entre la niebla


  Flo Hmongs en el mercado

Cuando viajas, no solo aprendes y te enriqueces, sino que tambien pasas el dia cuestionandote y replanteandote tu vision de las cosas, crece tu curiosidad y te das cuenta de lo ignarente que eres en muchos aspectos. Esto fue lo que nos paso al visitar las montanyas del norte de Vietnam y conocer las diferentes minorias etnicas que alli habitan, ajenas al devenir del pais al que politicamente pertenecen.


Black Hmongs tinyiendo sus ropas

Al llegar a Sapa (pequenya localidad, campamento base de los turistas para explorar la region), nos dio la bienvenida el invierno en todo su esplendor: niebla, lluvia, humedad, barro y una temperetura media de 10 grados. Tuvimos que acudir corriendo a comprarnos unos abrigos de imitacion "made in Vietnam". La segunda bienvenida fue mucho mas calida. Nos la dio el crisol de etnias que poblaban las calles de Sapa convirtiendolas en un desfile de carnaval multicolor. Las diferencias entre las distintas tribus eran, a veces evidentes, a veces mas sutiles. Poco a poco, al acstumbrarnos a ellas, aprendimos a distinguirlas entre si: las prendas de vestir, los sombrers y tocados, los peinados, los tintes de las telas, los colores, los joyas, el calzado y todos sus variados atuendos y ornamentos.






La niebla da tregua
En los ultimos anyos, su vida se ha visto alterada por la influencia del turismo (no queremos extraer conclusiones sobre las consecuencias de esta influencia), y ahora es posible conversar en ingles basico con muchas de ellas. Las mujeres bajan de las altas aldeas al mercado para vender sus artesanias y a ofrecerse como guias para ganar dinero. Gracias a eso conocimos a Manmae, una mujer de 40 anyos perteneciente a la etnia Dzao. Contratamos sus servicios como guia y pasamos el resto del dia con y tras ella.

Sendero o rio?

Empezamos a adentrarnos en las montanyas, entre bruma y nubes bajas, cruzando arrozales embarrados y senderos resbaladizos y empinados. Manmae iba aun ritmo agil, se notaba que se movia en su terreno (en realidad hace este largo camino cada dia). En cambio, nosotros teniamos que hacer equilibrismos para no caernos de culo en el barro o barranco abajo. Pasamos por pequenyas aldeas mientras ella nos iba explicando las tradiciones y diferencias entre ellas. Atravesamos largos y extensos valles de terrazas de arrozales, subimos, bajamos, bajamos, subimos... hasta llegar a su pequenya aldea y con ello. a su casa de madera. Despues de un humedo recorrido entre la niebla, lo primero (y unico) que hicimos al llegar fue sentarnos alrededor de la hoguera, la parte central y principal de la casa. 
Mientras ella y sus hijas preparaban la comida continuamos aprendiendo sobre sus (curiosas para nosotros) constumbres y culturas. 
 Hospitalidad "made in Vietnam "
Nos explico que las diferentes etnias poodian relacionarse pero no casarse entre ellas; las mujeres cuidan de la casa y realizan labores mientras los hombres trabajan fuera de casa; mujeres y hombres duermen separados aunque esten casados; las madres eligen la mujer de su hijo para llevarla a casa, las hijas deberan marcharse a la casa del correspondiente marido; veneran al cerdo, lo cuidan y alimentan con mimo (a la vez que preparaban nuestra comida preparaban la sopa para el cerdo). Su alimentacion es basica, y su casa mas todavia: suelo de barro, techo de madera, sin agua corriente ni cuarto de aseo ni ducha, sin sillas ni decoracion alguna.
Una vez mas no ns deja de sorprender la precariedad y la humildad con la que vive mucha gente.
Las Dzao comentando la jugada

Para regresar, como anochece pronto, optamos por coger un mototaxi que nos baje a Sapa: de nuevo lluvia, curvas, niebla, frio, oscuridad. Dos motos chatarras y un pinchazo. Una vuleta mas larga y entretenida de lo previsto, una aventura, una anecdota mas para contar y un dia completo para recordar y destacar en nuestros ultimos dias en Vietnam.

PiA

viernes, 26 de noviembre de 2010

La isla de las tentaciones

Mas feliz que un regaliz
En la bahia de Halong miles de islotes de miles de formas y tamanyos surgen del agua ofreciendo un espectaculo de belleza suprema. Es dificil permanecer impasible mientras, surcando las tranquilas aguas de color verde turquesa y virgenes playas, te ves rodeado por un bosque de piedra. El dia es nublado y la sensacion de estar en otro mundo se acentua, todo se convierte en irreal. Por momentos parece que los pesados islotes de roca caliza flotaran sobre el mar como caparazones de tortugas milenarias... Pero la magia no dura eternamente y alli se rompio cuando el chico de una pareja de vietnamitas recien casados, que tambien venian en el barco, se puso a vomitar.

Ballenas de piedra
Desde que planeamos conocer Vietnam, Halong aparecia como visita obligada, por eso contratamos un dia de crucero recorriendo este turistico y maravilloso enclave. El invierno en el norte de Vietnam es fresco y nos recibe en la cubierta del barco. A pesar del frio no renunciamos a una excursion en kayac para tratar de encontrar unas cuevas que supuestamente hay por la zona. Lo unico que encontramos es un puente de roca que atravesamos y nos conduce al interior de una laguna. Dentro solo se oyen los pajaros y unos cuantos monos que chillan y arman alboroto.

Pablo haciendo amigos  III

De regreso al barco nos damos cuenta que falta uno de los kayacs por volver: de nuevo la pareja de vietnamitas! El barco zarpa en su busca hasta que los encontramos tan felices remando en circulos sobre si mismos.
Tras la comida a bordo viene el tiempo para bucear, pero nadie se siente con ganas de enfrentarse al frio y vamos directamente a visitar una enorme cueva con capacidad en su interior para albergar una catedral. Lo mejor son las vistas que proporciona desde un mirador: la tipica imagen de postal sobre la bahia.
Antes de regresar a tierra, aun hay tiempo para conocer la vida de los granjeros de mar: peces y ostras son cultivados en numerosas piscifactorias que son autenticos campamentos flotantes. Alli viven sobre bidones y maderas, y alli tienen su vida. Tiestos con plantas, perros, guitarras, canarios, gallinas...
Escribe cuando llegues!
La vuelta a la isla de campamento base, durante la puesta de sol es de luna de miel, pero los vietnamitas recien casados caen rendidos y se la pierden mientras duermen.
No podemos abandonar este paraiso de roca sin explorar su vertiente mas vertical, y la manyana siguiente la dedicamos a desempolvar los brazos y enfilarnos por las vias de escalda.
Nos vamos con prisa a coger un tren (directos a las montanyas del norte), pero con la sensacion de haber podido permanecer en esta isla mucho mas tiempo.

PiA

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Tres ciudades con alma

Escena de pelicula, Hoi An
Despues de recorrer la costa bajo las lluvias de los ultimos dias, llegamos a Hoi An, ciudad Patrimonio de la Humanidad. No llueve, pero las consecuencias de las lluvias se notan: en algunas calles y casas tan solo queda el barro; en otras aun hay agua; en las mas cercanas al rio las barcas recorren las calles donde antes lo hacian las bicis y motos. Pero estan acostumbrados porque Hoi An es la Venezia de Vietnam. Cada anyo el rio se desborda y trasladan el contenido de las casas y tiendas al piso de arriba, las calles desaparecen y han de esperar unos dias para que todo vuelva a su sitio. Pero la vida no se detiene. Dentro de lo malo, esto les proporciona fotogenicas manchas de humedad. Las paredes desconchadas contrastando con las antiguas casas chinas de madera de teca se convierten en el tema mas fotografiado, un escenario perfecto para una pelicula. De hecho, caminando por esta ciudad entre los cientos de turistas, uno tiene la sensacion de recorrer un decorado y que los pocos vietnamitas son actores de reparto. Afortunadamente, al entrar en uno de los intimos edificios de madera y olvidarse del exterior, se afronta la realidad: Hoi An es tan real como los inmigrantes chinos que la levantaron hace anyos, y si permanece casi inalterada desde hace siglos es porque se libro de los saqueos de la presencia francesa y los efectos de los bombas estadounidenses durante la guerra.

 A pesar de  las grandes inundaciones
se mantiene en pie este puente de 1590
Esta ciudad, tambien es conocida por la gran cantidad de sastrerias que tiene. Ropa, cazadoras, botas de cuero, zapatillas... Casi cualquier prenda es elaborada al gusto del consumidor en menos de 24 horas. Tan solo has de mostrar una fotografia con el disenyo elegido, tomar tus medidas y negociar el precio. Un precio que para un occidental es casi de risa. Se necesitara con toda seguridad una maleta mas para poder meter todad las compras. Pero eso no es un problema... tambien las fabrican. Son los reyes de la imitacion, y nosotros caimos en la tentacion!!
 
 Miles de inciensos secandose
 al sol sobre el asfalto
A 4 h de Hoi An se encuentra Hue: ciudad elegante, tranquila y senyorial, ideal para imaginar el Vietnam precomunista. Esta ciudad fue elegida durante 200 anyos por una dinastia de emperadores como capital, en detrimento de Hanoi. El legado de la epoca imperial asombra al visitante: tumbas faraonicas que mas bien parecen palacios, circos para celebrar luchas de animales, ciudadelas amuralladas, pagodas...
Pero lo mas increible de Hue es la paz que se respira, el ritmo pausado de las provincias. Aqui se pueden ver  chavales jugando en el parque y calles sin coches, cibercafes sin caras accidentales y restaurantes en la orilla del rio Perfume rebosando de clientes locales. Eso es algo dificil de apreciar en el Vietnam mas turistico, por eso, para visitar la ciudad usamos la bici y el cyclo, para mezclarnos con su rutina sin perturbar su ritmo. Nos perdimos por senderos y caminos hasta el punto que un fuerte aroma nos atrajo hasta un abanico de colores: llegamos al pueblo donde elaboran los inciensos con los quales hacen las ofrendas, utilizan y queman millones cada dia. Tambien se fabrican aqui los famosos sombreros tradicionales, cuyo carisma nunca se pierde por mucho que lo veas.

Pabellon de lectura del emperador, Hue
 La siguiente parada es la capital. Esta a 12 h. Usamos un bus nocturno para aprovechar el tiempo. Lo bueno es que llegamos a nuestro destino a las 6 de la manyana, con todo el dia por delante para aprovechar. Lo malo es que llegamos sin apenas haber dormido: el bus nocturno resulto ser una carraca que se movia mas que una montanya rusa, con las luces encendidas y el claxon sonando cada minuto.
Hanoi, la vieja gran dama de oriente, la capital. Posiblemente 2 dias sean insuficientes para conocerla a fondo, pero el tiempo se nos escapa de las manos y hemos de amoldarnos. Fueron 2 dias de caminar, andar, pasear, rondar y trotar. Grandes avenidas y estrechas callejuelas, muchas callejuelas! Restaurantes vanguardistas y puestos de sopa callejeros.

Bienvenidos a la capital de Vietnam!
Resulta muy curioso, para los ojos no-rasgados, el barrio antiguo, donde las calles llevan el nombre del oficio que se practica. Existe la calle de las mercerias, de los herreros, de las lapidas de tumbas,de las alfombras de bambu y de los juguetes. Para comprar algo debes ir a la calle adecuada y encuentras todo y mas. Practico, no?  
Con casi la mitad de habitantes que Saigon, la actividad es incesante. Las bocinas de las motos nunca cesan, y los habitantes se mueven a un ritmo frenetico. Es lo mas parecido a un hormiguero: transito en todos los sentidos, escasas senyales de trafico, ruedos de gente sentada en el suelo cominedo sopas de fideos en cada esquina, pollos, patos, bicis con la casa a cuestas, sombreros conicos de los campesinos, mercados ambulantes, casas a punto de derrumbarse... Parecia mentira que una ciudad asi fuera capital hasta que vimos la primera ambulancia de todo el viaje.
Una capital con mucho para avanzar pero que cautiva al visitante: tan seria y a la vez tan caotica como solo puede ser una ciudad vietnamita.

PiA